La forma del roscón de Reyes constituye uno de los ejemplos más claros de continuidad simbólica entre las festividades del mundo antiguo y las tradiciones cristianas posteriores. Lejos de ser un simple recurso estético o culinario, su estructura circular remite a una concepción del tiempo profundamente arraigada en la Antigüedad: el tiempo entendido como ciclo, repetición y permanencia.
Las Saturnales y el tiempo cíclico
En la Roma antigua, las Saturnales, celebradas en torno al solsticio de invierno, marcaban un momento de transición dentro del calendario agrícola y social. Estas fiestas suponían una suspensión temporal del orden cotidiano y una afirmación ritual del retorno del equilibrio natural tras el periodo más oscuro del año. En este contexto, la alimentación festiva desempeñaba una función simbólica fundamental.
Los panes y tortas elaborados para estas celebraciones adoptaban con frecuencia formas circulares, asociadas a la idea de continuidad y plenitud. El círculo, al carecer de principio y fin, expresaba una concepción del tiempo no lineal, sino recurrente, acorde con los ritmos de la naturaleza y de la agricultura.

El simbolismo del haba
Uno de los elementos más significativos de estos panes rituales era la inclusión de un haba seca en su interior. El haba, como semilla, representaba la fertilidad y la vida en estado latente. Su descubrimiento durante el reparto del pan introducía un componente de azar que reforzaba la dimensión igualitaria de la celebración: cualquiera podía ser elegido, aunque solo fuera de forma simbólica, como “rey” de la fiesta.
Este gesto, lejos de ser anecdótico, condensaba una idea central de las Saturnales: la inversión temporal del orden y la afirmación de la comunidad por encima de la jerarquía.
La reinterpretación cristiana
Con la progresiva cristianización del Imperio romano, muchas de estas prácticas no fueron eliminadas, sino resignificadas. El pan circular y el ritual asociado a su reparto se integraron en la celebración de la Epifanía, desplazándose al 6 de enero. El antiguo simbolismo del ciclo natural fue reinterpretado desde una perspectiva teológica, asociándose a la eternidad divina y al reconocimiento de Cristo como rey.
En este proceso, la forma circular del pan adquirió una nueva lectura: la de corona. Esta reinterpretación no anuló el significado previo, sino que lo recubrió de una capa simbólica distinta, adaptada al nuevo marco religioso.

La noche del 5 de enero como tiempo liminal
El consumo tradicional del roscón en la noche del 5 de enero refuerza su carácter ritual. La víspera de la Epifanía constituye un tiempo liminal, un momento situado entre la espera y la revelación, entre el desorden simbólico y el restablecimiento del orden. Este tipo de temporalidad es frecuente en los rituales de paso, tanto en el mundo antiguo como en contextos medievales y modernos.
Comer el roscón en ese momento implica participar en un acto simbólico previo al acontecimiento central, manteniendo así la lógica ritual heredada de las festividades invernales precristianas.
Conclusión
El roscón de Reyes no puede entenderse únicamente como un producto gastronómico propio de la Navidad. Su forma circular, el uso del haba y el momento en que se consume revelan la persistencia de un imaginario antiguo en el que el tiempo se concibe como ciclo y continuidad. Desde las Saturnales romanas hasta la Epifanía cristiana, el roscón ha conservado su función como símbolo material de lo infinito, del renacer y de la cohesión comunitaria, adaptándose a nuevos contextos culturales sin perder su estructura esencial.
El roscón de Reyes y la persistencia del símbolo circular: de las Saturnales a la Epifanía
La forma circular del roscón de Reyes no puede entenderse únicamente como una convención gastronómica. Se trata de un elemento cargado de significado simbólico cuya raíz se encuentra en las festividades del mundo romano y, en particular, en las Saturnales, celebraciones invernales asociadas al cambio de ciclo anual. El roscón constituye, en este sentido, un ejemplo significativo de continuidad ritual y de reinterpretación cultural entre el mundo antiguo y la tradición cristiana.
Las Saturnales y la concepción cíclica del tiempo
Las Saturnales, celebradas en Roma entre el 17 y el 23 de diciembre, estaban dedicadas a Saturno, divinidad vinculada a la agricultura, al tiempo y a la mítica Edad de Oro. Según describe Macrobio en sus Saturnalia, estas fiestas se caracterizaban por la suspensión temporal del orden social, el intercambio de regalos y la celebración colectiva en torno a la mesa (Macrobio, Saturnalia, I, 7–10).
En este contexto, la alimentación festiva desempeñaba un papel ritual fundamental. Los panes y tortas elaborados para estas fechas adoptaban con frecuencia formas circulares, asociadas simbólicamente a la idea de totalidad, abundancia y continuidad. El círculo, al no tener principio ni fin, expresaba una concepción del tiempo no lineal, sino recurrente, acorde con los ritmos agrícolas y naturales que marcaban la vida romana.
El simbolismo del haba y el azar ritual
Uno de los elementos más significativos de estos panes rituales era la inclusión de un haba seca en su interior. Diversos estudios han señalado el valor simbólico del haba como semilla, asociada a la fertilidad y a la vida latente (Frazer, The Golden Bough). Durante las Saturnales, quien encontraba el haba era investido simbólicamente como “rey” de la celebración, una figura efímera que encarnaba la inversión del orden social característica de la fiesta.
Este gesto introducía el azar como principio organizador del ritual y reforzaba la idea de igualdad temporal entre los participantes, uno de los rasgos definitorios de las Saturnales, tal como señalan también las alusiones de Séneca y Luciano a estas fiestas.
Del pan ritual al roscón cristiano
Con la cristianización del Imperio romano, estas prácticas no desaparecieron, sino que fueron progresivamente reinterpretadas. El pan circular y el ritual asociado a su reparto se integraron en la celebración de la Epifanía, fijada el 6 de enero. El simbolismo del ciclo natural fue traducido a un lenguaje teológico: la circularidad pasó a representar la eternidad divina y la realeza simbólica se vinculó a los Reyes Magos y al reconocimiento de Cristo como rey.
La evolución formal del pan hacia una estructura anular reforzó esta lectura, permitiendo identificarlo visualmente con una corona. Esta reinterpretación no eliminó el significado antiguo, sino que lo resignificó dentro de un nuevo marco religioso, siguiendo un proceso habitual en la construcción del calendario cristiano (Baus, Historia de la Iglesia).
La víspera del 6 de enero y el tiempo liminal
El consumo tradicional del roscón en la noche del 5 de enero responde a una lógica ritual bien conocida por la antropología de las religiones. La víspera constituye un tiempo liminal, un espacio intermedio entre la espera y la revelación, comparable a los momentos de transición descritos por Van Gennep en sus estudios sobre los ritos de paso.
Comer el roscón antes de la Epifanía implica participar en un acto simbólico previo al restablecimiento del orden, manteniendo así una estructura ritual heredera de las festividades invernales antiguas, en las que el cambio de ciclo se celebraba antes de su plena consumación.
Conclusión
El roscón de Reyes es, en esencia, un objeto ritual que ha sobrevivido a profundas transformaciones culturales. Su forma circular, la presencia del haba y el momento de su consumo remiten a una concepción antigua del tiempo como ciclo infinito, heredada de las Saturnales romanas. A través de un proceso de reinterpretación cristiana, estos elementos han llegado hasta la actualidad conservando su estructura simbólica fundamental. El roscón no es solo un dulce festivo, sino un testimonio material de la persistencia de los símbolos y de la capacidad de las tradiciones para adaptarse sin desaparecer.