Eva Pau| Una vida dedicada a los lenguajes del alma

Soy Eva Pau, fundadora y directora de la Academia Magia del Siglo XXI, directora de la revista Ciencias Ocultas en el Siglo XXI, autora de dos libros, creadora de métodos propios de interpretación, tarots y oráculos, y ponente en congresos internacionales.

Mi trayectoria reúne más de tres décadas de experiencia en el mundo del tarot, la mediumnidad y las ciencias ocultas, un camino de estudio, práctica y búsqueda constante de conocimiento.

Hoy dedico mi labor a la enseñanza, la creación y la divulgación, compartiendo los conocimientos adquiridos a lo largo de una vida dedicada a explorar, comprender y transmitir los diferentes lenguajes del alma.

 

 

Desde la Cuna

Nací en una familia de médiums, donde la magia estaba ligada a las prácticas de mi tierra: la mediumnidad y el curanderismo. El contacto con lo invisible formaba parte de mi vida cotidiana desde que tengo uso de razón.

Mi fascinación por las cartas, sin embargo, no sé de dónde vino. Con apenas tres años, cuando veía en las películas a alguien echándolas, yo ya quería hacerlo. Me atraían de una forma tan poderosa que, todavía hoy, no tengo una explicación para ello.

Cuando las cartas entraron en mi vida

A los dieciocho años trabajaba vendiendo libros a domicilio. Un día llamé a una puerta y una señora me recibió con unas palabras que todavía recuerdo: «Pasa, pasa, te estaba esperando. Me habían avisado de que vendrías estos días. Tengo que enseñarte a leer las cartas porque tú tienes el don».

Ella me enseñó a leer la baraja española. Enseguida empecé a practicar y a descubrir, con asombro, cómo aquellas cartas hablaban de la vida de las personas que tenía delante. Quería aprender más, así que comencé a comprar en los quioscos fascículos sobre tarot y magia.

Unos años después me regalaron mi primer tarot, acompañado de un libro de Margarita Arnal Moscardó. Con aquel libro y mi baraja empezó otra etapa: leía para amigas y familiares, estudiaba y seguía practicando. Hasta que se cumplió una predicción muy concreta y sentí algo que nunca he olvidado: «Dios mío, esto es verdad».

A partir de entonces, al volver del trabajo, iba a un pequeño bar cerca de casa y leía las cartas cada día. Se formaban colas increíbles y llegaban personas que agradecían los consejos recibidos en sus lecturas.

Fue una época muy bonita: estaba viendo cómo se materializaba aquel sueño que me había acompañado desde niña.

Certamenes de ciencias ocultas

El gran despertar

Los certámenes de ciencias ocultas abrieron una etapa que recuerdo como un gran despertar. Viajé a ciudades como Oviedo, Salamanca, Cuenca, Alicante y Las Palmas de Gran Canaria. Llegué a hacer veinte, treinta y hasta cuarenta lecturas diarias. Era una locura: viajes, hoteles, consultas y una convivencia con compañeros que se convirtió en una escuela en sí misma.

Compartí aquellos días con profesionales y maestros de distintas tradiciones. Hablábamos de cartas, de combinaciones, de nuestras formas de interpretar y de las historias tan diversas que llegaban a consulta. Aprendí muchísimo de ellos. Estaba cumpliendo otro sueño: vivir rodeada de aquello que tanto me apasionaba.

Después llegaron las líneas telefónicas, las que entonces eran 906 y más tarde pasaron a ser 806. Llegué a atender una media de once mil minutos mensuales de consultas. Otra etapa de trabajo intenso, de escuchar y de seguir aprendiendo con cada persona.

Quizá por eso estoy tan convencida del valor del trabajo de campo. Estudiar te da herramientas; la consulta te permite ponerlas a prueba, revisar lo que has interpretado y comprender cómo se expresa en la vida de alguien. Y, desde mi experiencia, nada me ha enseñado tanto como escuchar de boca de un consultante cómo se había cumplido una predicción que habíamos visto juntos en las cartas.

El Melic de la Bruixa: mi propio negocio

Después de los viajes, los certámenes y tantas horas de consulta, llegó otro sueño cumplido: abrí mi primera tienda, El Melic de la Bruixa. Recuerdo el día de la inauguración, la gente conversando y la ilusión de abrir aquel espacio que era mío. Allí iba yo, con mi traje de raya diplomática, mi top blanco y mis tacones bien altos, dispuesta a recibir a quienes cruzaban aquella puerta amarilla.

En los certámenes había conocido a quienes se convertirían en mi maestra de reiki, mi maestro de la Antigua Religión y una de mis mentoras en la cultura afrocaribeña. Aquellos encuentros ampliaron mi forma de entender y practicar la espiritualidad. Fue una etapa de aprender mucho, de personas y tradiciones diferentes, mientras seguía creciendo en mi trabajo con las cartas.

La tienda se llenó de consultas, pero también de libros. Y en las horas tranquilas me los leía todos: El Kybalion, Jodorowsky, Jung y la sombra, Déjame que te cuente, de Jorge Bucay… Tarot, magia, desarrollo personal. Leía, me hacía preguntas y encontraba nuevas perspectivas que después se cruzaban con las historias que escuchaba en consulta.

Mi propio negocio reunía todo aquello que me apasionaba: las cartas, el estudio y el encuentro con las personas. Después de tantos años soñándolo y trabajando para ello, tenía un lugar donde seguir dando forma a mi camino.

Y el camino siguió…

Os he contado un poquito de cómo empezó mi historia de amor con el tarot, pero quedan muchísimas historias por contar: otros centros, mercados medievales, ferias como la Magic, programas de radio, viajes iniciáticos, la fabricación de velas ritualizadas y aquellos primeros cursos que anunciábamos por palabras en los periódicos. ¡Qué tiempos! 😂

Después llegó el confinamiento y nos tocó atravesar la ciberfrontera, descubriendo nuevas maneras de encontrarnos, compartir y enseñar. Así comenzó una nueva etapa que nos ha traído hasta aquí, hasta la Academia Magia del Siglo XXI.

Y aquí seguimos, con muchos años de experiencias, muchísimo por aprender y las mismas ganas de siempre.

Porque esta historia, afortunadamente, todavía se está escribiendo.